Él no sabía si estaba listo para empaparse de nuevo en el amor, y siendo honesto consigo tampoco era fan de volver a sentir ese dolor. Es algo que no se olvida, un trauma pasajero pero profundo, el cual se intensifica con cada decepción y cada desamor. Es aprender de nuevo, conocer de nuevo y esforzarse de nuevo. Y, por lo menos en su vida, él no había tenido resultados diferentes. Siempre el mismo ciclo. Ya estaba algo cansado de intentarlo.
Pero también, en una parte reprimida de su persona, tenía la esperanza romántica e ingenua de encontrar a su "media naranja", la persona ideal con quien compartir el resto de su vida. Alguien que no le haría reiniciar el ciclo, sino terminarlo; la persona que seria su felices por siempre. Por eso lo seguía intentando, por eso soportaba el dolor y las tormentas. Porque sabía que algo mágico le esperaba al final. A todos, ¿no es así? Su utopia romantizada e ideal (¿irreal?) le permitía seguir buscando a su princesa de cuentos de hadas.
Y ella no era, al menos en papel, lo que él estaba buscando. Pero tampoco podía dejar de pensar en ella. No cumplía con todas las casillas que tenia en su mente. Y no le importaba ni un poco. Porque ella se salía de lo estándar, siendo tan estándar. No era la renombrada astrofísica que descubrió vida en marte, rebelde y con carácter fuerte, indomable y soñadora hasta los huesos. Ella era falible, dócil y terrenal. Tan real, infravalorada y pasada por alto que sorprendía. Porque ella era un alma vieja, al igual que el. Aunque no lo quisiera aceptar, ella era todo lo que estaba buscando. Sin pretensiones imaginarias de la mujer perfecta, sino la mujer de verdad. Eso es lo que lo había enganchado inicialmente, aunque no se hubiera dado cuenta. Y es parte de lo que lo tenía aquí sin poder dejar de pensar en su sonrisa, su cabello y sus ojos. Todo sobre ella lo hacia sonreír instintivamente. Y sin pensarlo mas, así como cuando uno se zambulle en el agua helada, dio un brinco de fe. Esperando que esta vez se rompa el ciclo.
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