Solo

"No tengas miedo -dijo el fantasma a traves de la puerta- solo me gusta venir a recordar tiempos antiguos, donde fui tan feliz."

Él, aterrado, no pudo ocultar su asombro- "¿Vivías en este departamento?"

"No era un departamento cuando yo existía. Ni siquiera era una torre habitacional. Era un bosque hermoso, con arboles grandes, en especial un roble frondoso que daba sombra a una banca. Este era mi lugar favorito en el mundo. Aún lo es." -contestó el fantasma con tranquilidad en su voz.

El cerrojo se escucho liberarse, segundos después con plena cautela, él apareció detrás de la puerta abierta. Asombrado y temeroso al mismo tiempo. Con ojos tan imposiblemente grandes y curiosos, le preguntó: "¿Y por qué regresas aquí si el árbol ya no esta más, si el bosque no existe?"

"Sabes, la visión del humano es muy simple. Solo ve lo que tiene enfrente: objetos, personas, paredes. Deberías aprender a ver la cosas a traves de su manto transparente, olvidarte de lo que puedes tocar y enfocarte en lo que puedes sentir. Inténtalo. Cierra los ojos, respira profundo y dime qué sientes."

No confiando en el fantasma le dijo- "¿Y si me lastimas mientras tengo los ojos cerrados? ¿Puedes prometerme no hacerlo?"

"Puedes confiar en mi, no te lastimaré. No es mi intención. Solo quiero que disfrutes de este momento conmigo, que aprecies la vida como se merece."

"Está bien." -él cerró los ojos e hizo lo que le había indicado el fantasma. Respiro profundo. Pero nada cambió, el olor de su cuarto era el mismo. Su ropa se sentía de la misma forma, su lengua aun seca del miedo. Nada había cambiado. Rápidamente abrió los ojos, y para su sorpresa el fantasma seguía ahí viéndolo detenidamente, esperando una respuesta mágica de un humano ordinario.

"No sentí nada diferente, todo es lo mismo." 

El fantasma decepcionado por la respuesta, volteó la cara y miró fijamente hacia la ventana- "Supongo que no tienes la capacidad de ver el hermoso paisaje, y eso es muy triste."

"¿Te pone triste que no vea algo que no está?" -le dijo él, confundido.

"Me pone triste que nadie lo puede hacer. Poder ver algo tan bello y no compartirlo es una tragedia."

"¿Y puedes describirme qué ves? Quizás así pueda imaginarlo en mi cabeza y tratar de verlo." -dijo entusiasmado.

"Tengo una mejor idea, porque no mejor te lo muestro. Solo tienes que cerrar tus ojos y yo pondré mis manos sobre ellos. Y cuando te diga, los abres."

"¡Si! -respondió emocionado- quiero verlo."

Ambos hicieron como el fantasma dijo. Y así, él dejó de sentir el frio de la noche, dejó de lado ese vacío en el estomago que tenía por no haber comido hace 3 días. Los callos de sus pies ya no dolían, sus rodillas ya no sangraban. Él podia sentir el calor de las manos del fantasma en sus ojos. Era un calor conocido, de alguna forma.

"Muy bien, abre los ojos" -le dijo el fantasma.

Frente a sus ojos incrédulos él vio la banca de acero debajo del frondoso roble; a las ardillas correr por la pradera inmensa rodeada de arboles de todos los tamaños y tipos. Sintió los rayos del sol en sus mejillas. Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas, pero extrañamente ninguna rodó a su pecho. Él sólo podia sentir el calor y la dicha de aquel lugar tan maravilloso. Después de todo, a sus 7 años, era el paisaje mas hermoso que había visto. Y que nunca más dejaría de ver.


R

Comentarios